19 ago. 2012

Estaba oscuro y sospechosamente tranquilo de Einar Turkowski

A Einar Turkowski lo descubrimos hace unos meses y lo reseñamos por primera vez aquí. En ese momento, nos quedamos admiradas al descubrir que su carrera había dado inicio con un trabajo académico, cuyo título nos parecía una idea genial (sí, somos de las que compran libros si el título nos parece ingenioso): Estaba oscuro y sospechosamente tranquilo. El álbum que nos ocupa hoy. 



Einar tiene una virtud como narrador: la capacidad para mantener el misterio hasta el final, de no resolver ciertos aspectos de la intriga, pero de dejarnos totalmente satisfechos y con la sensación de que, en realidad, sabemos la respuesta. Einar nos hace sentirnos un poco más sabios. Eso, y que siempre elige historias que evidencian lo absurdo que podemos resultar, que muestran aspectos horrendos de la humanidad. Pero luego añade ese personaje solitario y misterioso, de origen desconocido, que es la antítesis de todos nuestros defectos. El ejemplo a seguir. Pero un ejemplo real, sin tufo a héroe. Sin moralina. Sin lección impertinente. Simplemente narra unos hechos, si lo quieres lo tomas, o lo dejas. Son historias para pensar. Sinceramente: es un narrador maravilloso. 

¡¡¡SPOILERS EN EL SIGUIENTE PÁRRAFO!!!

Estaba oscuro y sospechosamente tranquilo cuenta cómo un forastero un día amarra su barco en una playa y ocupa una casa abandonada. La ciudad entera entra en el delirio de espiarle para descubrir qué hace allí el desconocido y a qué se dedica. La sociedad, siempre tan dada al control y la crítica. El hombre sigue tranquilamente con su actividad: caza nubes que llueven peces. Cuando se descubre el pastel, los envidiosos habitantes sienten la necesidad imperiosa de imitarlo. No satisfechos con robarle la idea, lo desprecian y le impiden integrarse en la comunidad porque les puede la envidia y el miedo. Cuando no son capaces de conseguir los mismos resultados que el forastero, deciden expulsarlo de la ciudad. Se sienten atacados por su sola presencia. Y aunque el hombre desea compartir los peces, ellos no soportan la idea de que él sea capaz de sacarle partidos a las nubes. Él, una advenedizo, usurpando  algo que consideran suyo por derecho. 

Pura delicatessen


Pensad un poco en la sociedad en la que vivimos, en las fronteras que hemos impuesto. En lo que consideramos nuestro por proximidad. Pensad también en que todos somos personas y de muchos tipos. En el miedo y el recelo que nos produce lo que no conocemos. Pensad que es algo absurdo. Que todos somos biológicamente iguales, miembros de una misma especie. Pensad: ¿y si fuerais vosotros los que un día amarráis vuestro barco en una playa muy lejana? Que tenéis una habilidad específica. ¿No os gustaría trasladarla allá donde estuvierais? ¿No os molestaría que los oriundos os pusieran trabas, no os aceptaran? Que os robaran la intimidad, que opinaran. 

El hombre se marcha al fin de esa playa. No pensamos que por presión, porque al hombre los ciudadanos le importan un rábano. Es así de valiente. Así de independiente. 

La sociedad se ha organizado de forma estúpida. A veces creo que formar parte de un colectivo puede llegar a atontarnos de tal forma que es sinónimo de anulación absoluta. Y admiro a los hombres tranquilos, que dependen de sí mismos y dominan el arte de cazar nubes. 

No os impondremos que lo leáis, pero además del texto, Turkowski es un maestro de la ilustración. Estaba oscuro y sospechosamente tranquilo tiene un toque muy steampunk. Mucha máquina e instrumento bizarro. Siempre en riguroso blanco y negro. Y con elementos imposibles que ojalá existieran. 




Esperamos haber convencido a alguien. Y pronto nos leemos.



p.s: Edita El Zorro Rojo. Traduce: Marisa Delgado. 


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